Sabado 24 de Junio de 2017

El peronismo republicano de Schiaretti

Mar 21st, 2017 | By | Category: Destacados, Provincial

Es difícil conjugar estas dos palabras en una misma afirmación. En Córdoba, por citar una experiencia provincial, el peronismo de los `70 fue de lo peor en el país en términos republicanos, y su gobernador electo fue destituido por un golpe policial.

Cuáles son el alcance y la consistencia de la expresión con la que Juan Schiaretti repiquetea en muchas de sus apariciones públicas, principalmente en Buenos Aires, de que el de Córdoba es un “peronismo republicano”. En principio, parece una contradicción en sus términos: por el ADN del peronismo en el golpe de 1943; por el ciclo inaugural del peronismo en el poder nacional; por su paso por él en los ’70, cuando mostró al PJ como partido de Estado y, mucho peor, mezclo poder y gineceo: tras la muerte de Juan Domingo Perón, se sentó en el Sillón de Rivadavia una -digámoslo piadosamente- ex actriz de varieté, y José López Rega, un ex cabo de la Federal con aficiones esotéricas, fue su “primer ministro”.
Es difícil conjugar estas dos palabras en una misma afirmación. En Córdoba, por citar una experiencia provincial, el peronismo de los `70 fue de lo peor en el país en términos republicanos, y su gobernador electo fue destituido por un golpe policial. Su consistencia republicana era tan precaria que poco faltó para que fuera el jefe de Bomberos el que volteara a Obregón Cano de la Gobernación.
Fueron tal vez los ominosos ’70 un dramático aprendizaje para que el peronismo de Córdoba pueda reivindicar ahora momentos de calidad institucional pues, sin duda, esto es el significado primero de republicanismo. Schiaretti lo reivindica, pero estos años de serenidad institucional tienen dos actores principales, el actual mandatario y José Manuel de la Sota, que se han alternado en el poder administrando indisimulables tensiones internas. El poder es agonal y, consecuencia, el conflicto le es connatural. Lo que ha sucedido en el peronismo cordobés es que el conflicto ha sido gobernado.
Estos días que transcurren, por ejemplo, muestran un enfrentamiento entre los dos principales referentes peronistas cordobeses sin que, hasta ahora, la sangre llegue al rio: Schiaretti (en el gobierno) aprieta el freno en sus diferencias con la Casa Rosada y De la Sota (en el llano) maximiza sus críticas a Mauricio Macri. Tal vez sean diferencias que no se licuen cuando llegue el momento de confeccionar la lista de candidatos a diputados nacionales y que De la Sota esquive sumar su innegable poder de tracción en la boleta; tal vez sean dos personajes con un libreto distinto pero complementario para maximizar los beneficios para la capital nacional del antikirchnerismo.
“En el peronismo de Córdoba no hay un pensamiento único, porque no es un partido estalinista. Somos el peronismo republicano”. La definición del gobernador surgió hace poco, en el momento de máxima tensión por el proyecto de modificación del impuesto a las ganancias que aprobó una mayoría conformada por el Frente para la Victoria y la mayoría de los diputados enrolados en el massismo. Este fue el primer ruido en las relaciones. El segundo, más reciente, fue cuando De la Sota le mandó por los diarios un mensaje a Schiaretti diciéndole elípticamente que él no necesita de una banca en el Congreso para estar en el ring side de la política nacional, y que Schiaretti sí lo necesita mucho más a él en la punta de la boleta para traccionar y hacer una gran elección.
Volviendo al peronismo republicano de Córdoba, hay varios episodios que abonan la pretensión de Schiaretti. Primero digamos que José Manuel de la Sota tiene más destrezas para verbalizar la política, mientras que el actual gobernador prefiere la gestión para lucirse. Posiblemente porque cada uno conoce sus límites y posibilidades.
Sin embargo, habrá que reconocer que, en este caso, “peronismo republicano” es una consigna con más nítido contenido que el precozmente desaparecido “cordobesismo” estrenado en 2011 por el ex gobernador, una frase difusa si las hay y, eventualmente, sólo con dirección significativa cuando apuntaba hacia el kirchnerismo.
Algunos porotos a favor del “peronismo republicano” en contraposición del partido que siempre se ha creído ser la reserva de institucionalidad del país: De la Sota no forzó el texto constitucional para un tercer mandato, como lo hizo Eduardo Angeloz en 1991 ni tampoco volteó el Tribunal Superior de Justicia, como lo hizo Ramón Bautista Mestre en 1995, cuando blandió un juicio político contra todos sus integrantes, del que sólo se salvó la ya desaparecida Berta Kaller de Orchasnky; en sus doce años ininterrumpidos en el poder, Angeloz debe haber dado vuelta dos veces la magistratura de Córdoba, mientras entre De la Sota y Schiaretti han cubierto vacantes y perfeccionado la designación de jueces y fiscales con el Consejo de la Magistratura; aunque es cierto que el Defensor del Pueblo, Mario Decara, está allí por sus vínculos con el poderoso Carlos Caserio, en la Defensoría ha estado un hombre del principal partido de oposición, mientras que Angeloz y Mestre optaron por uno del mismo signo partidario.
Podrán ser cuestiones formales, pero de eso se trata la calidad institucional y el republicanismo. Claro que resta saber si el “peronismo republicano” sea obra providencial de dos dirigentes o algo ya hecho suyo por el Partido Justicialista Cordobés. El ciclo De la Sota-Schiaretti ya está cerca de su epílogo. Entonces se sabrá si fue un episodio o un cambio sustentable de paradigmas.

Por Gabriel Osman
gosman@diarioalfil.com.ar

 

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