Lunes 25 de Septiembre de 2017

EL OSCURO ENRIQUE COTI NOSIGLIA (UCR)

Feb 22nd, 2015 | By | Category: Interés General

El oscuro Enrique “Coti” Nosiglia maneja los hilos de la inteligencia y es arquitecto de buena parte de las operatorias que han escondido detrás de numerosos hechos políticos. Pero entre ellos, destaca el episodio del ataque al cuartel de La Tablada por parte del MTP -Movimiento Todos por la Patria- en plena democracia.

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¿Qué relación tuvo Nosiglia con el episodio? ¿Planeó él mismo la operación para desenmascarar a la guerrilla y capturar a sus principales referentes? ¿O se trató de una maniobra política para favorecer la imagen del ex presidente Raúl Alfonsín?
El siguiente es un extracto del notable libro publicado por Editorial Sudamericana, y escrito por los periodistas Darío Gallo y Gonzalo Álvarez Guerrero. La obra ha sido criticada por sostener la figura del lóbrego operador, pero igualmente observa pasajes interesantes y que mantendrán en vilo al lector.
—En menos de cinco minutos, la comisaría de San Justo estaba al tanto de la incursión. Y dos patrulleros al mando del comisario Emilio García salieron hacia el cuartel. Cuando García ingresó para ver qué pasaba, fue ametrallado y murió poco después.
Los primeros curiosos en caminar en las cercanías del regimiento, entre los monobloques que tapizan el Camino de Cintura y Crovara, encontraron panfletos que convocaban “a todos los argentinos decididos, contra la campaña radical para destruir nuestras FF.AA.” Y más abajo alertaban: “Damos inicio a las operaciones para aniquilar al enemigo marxista”.
Lo firmaba el Nuevo Ejército Argentino, tras vivar al coronel Seineldín y al teniente coronel Aldo Rico” . Los primeros periodistas en llegar a la zona no lo dudaban: los carapintadas habían vuelto a atacar. Algunos vecinos aseguraban haber visto que un Renault 12 había esparcido la propaganda, para luego enfilar hacia el cuartel.
A las siete de la mañana, carros de asalto cargados con policías de infantería, de Inteligencia, de comunicaciones, y móviles de todas las comisarías de la región, rodearon el cuartel y dispararon sin saber muy bien a quién. Desde el regimiento respondían. Cuando ya empezaban a caer heridos o muertos los primeros policías, aparecieron los refuerzos militares.
Por esa misma época, Jorge Baños, fundador y dirigente del MTP, denunció que había en marcha un golpe institucional contra Raúl Alfonsín. El 23 de diciembre de 1988 fue entrevistado por Página/12, diario que en ese momento era financiado en parte por un grupo de ex ERP que se habían reunido alrededor de Gorriarán Merlo en Nicaragua.
Baños dijo allí que “el vicepresidente Víctor Martínez estaba dispuesto a relevar a Alfonsín cuando una fuerza militar suficiente lo disponga”, como forma de garantizar una transición rápida hacia el gobierno menemista. Sin dudas, el rosario de suposiciones que Baños enhebraba en sus denuncias públicas -difundidas con bombos y platillos por los medios del Estado- eran funcionales al alfonsinismo.
Es cierto que a principios de ese mes Seineldín se había sublevado en Villa Martelli, y que a parte del gobierno radical le interesaba destacar la polémica coalición del militar rebelde con el candidato justicialista a la presidencia como una forma de erosionar su credibilidad.
¿Quién era el denunciante Baños?
Se había destacado por su participación en los organismos de derechos humanos. Fue también militante del Partido Intransigente y abogado del Centro del Estudios Legales y Sociales (CELS). A Gorriarán Merlo lo conoció en un viaje a Nicaragua a principios de los ochenta; ya asociado al guerrillero, integró la mesa directiva del MTP desde su fundación en mayo de 1986.
Los menemistas empezaron a prestarle atención cuando vieron que sus denuncias ocupaban grandes espacios en los canales y radios oficiales donde la Coordinadora tenía influencia. Además, se enteraron de que ese abogado frecuentaba el despacho de Nosiglia.
Aún no se sabía que Jorge Baños era el afortunado propietario de un departamento en Barrio Norte, comprado gracias a un crédito del Banco Hipotecario Nacional, manejado por la Coordinadora. En sólo tres días, en marzo de 1986, el BHN le entregó 18.000 dólares. Sin dudas, Baños venía muy recomendado. Poco antes del asalto a La Tablada, dijo en conferencia de prensa que el presunto golpe carapintada contra Alfonsín había sido analizado en una reunión entre Mohamed Alí Seineldín, Carlos Menem y Lorenzo Miguel.
Tanto había repiqueteado la versión arrojada por Baños que cuando Menem se enteró del copamiento creyó que eran los carapintadas. El riojano estaba jugando tenis en Mar del Plata, en el balneario “Horizonte del Sol”, en el que tenían sus carpas los sindicalistas Luis Barrionuevo y Diego Ibáñez.
Tras el partido, llegó el vocero de Menem, de estrecha relación con los servicios de Inteligencia: “Son subversivos. Es el ERP”, sentenció Juan Bautista “Tata” Yofre. Nada encajaba con los análisis previos que manejaba el menemismo. Barrionuevo, como siempre brutal en sus dichos, lanzó su deducción sin vueltas: “Esto lo organizó el Coti, esto lo organizaron los radicales”.
Recién después del mediodía, José Luís Manzano pudo comunicarse con su amigo Nosiglia, que le dio la confirmación: era el MTP. Sin embargo, poco antes el vocero presidencial José Ignacio López había dicho a los periodistas que se trataba de una incursión carapintada.
Más tarde, el propio López leyó un comunicado en el cual calificaba a los atacantes como “delincuentes” , sin adjudicarles pertenencia ideológica a ningún sector. ¿Por qué si el gobierno tenía la información de que era el MTP desde la mañana seguía ocultándolo pasado el mediodía?
La represión ya era feroz y exagerada. Los carapintadas se comunicaron con el equipo de Menem: “No tenemos nada que ver, ni somos atacantes ni somos los represores. Es una maniobra para perjudicarnos, es lo que vinieron armando los últimos días”.
Cuando todo era fuego, humo, sangre y escombros, la agencia Diarios y Noticias recibió la llamada desesperada de una mujer:
-Tengo que pasar un comunicado urgente desde el Regimiento de La Tablada.
-¿Del Ejército? -preguntó el redactor que la atendía.
-No, de los que estamos adentro del cuartel. Tomame el comunicado que nos están masacrando…
-¿Quiénes los masacran?
-El Ejército y la policía.
El texto que dictó la mujer abonaba la confusión: “Ante el ataque de un grupo de carapintadas al cuartel de La Tablada, un grupo de patriotas argentinos que luchan por la democracia ingresó al cuartel para aplastar la sedición. Este grupo se encuentra ahora rodeado por la policía y el Ejército y lucha por la democracia y la justicia social. Que el pueblo rodee los cuarteles e impida el asesinato de los que luchan por la liberación de la Patria. Firmado: Frente Democrático de Resistencia contra el Golpe”.
Tras la transcripción, la mujer volvió a pedir ayuda, el fuego se intensificaba. Pero dejaba en claro que algo había fallado en la lógica de los incursores.
También despertó muchas suspicacias que el diario oficialista La Razón titulara su quinta edición: “Grupo seineldinista copó el Regimiento 3 de Infantería”. ¿Quién había pasado esa información al diario con línea directa a la Casa Rosada?
Durante todo el día, el Ejército intentó recuperar el cuartel y fue destruyendo las instalaciones a fuego de artillería. Al anochecer continuaban cayendo los trozos de mampostería, y el fuego rabioso de los tanques iluminaba el campo como si fueran relámpagos. En una reunión en Casa de Gobierno, donde estaban entre otros el comisario Juan Ángel Pirker, y el uno y dos del Ministerio del Interior, Nosiglia y Gil Lavedra, miraban azorados por TV el espectáculo trágico de cómo se bombardeaba un regimiento para sacar a un puñado de ocupantes:
“Si me dan dos horas y una compañía con gases lacrimógenos, desalojo el regimiento”, sentenció Pirker, quien murió días después, en medio de un ataque de asma, según la versión oficial.
Los cañones se concentraron en el casino de suboficiales y en el sector de calabozos de la guardia de prevención, donde estaban los
atacantes. Las balas trazadoras cruzaban la noche de La Tablada. Sólo se oyó un largo silencio tras el estallido del arsenal del regimiento. Fue un estruendo que conmovió la tierra en cuarenta cuadras a la redonda. A la medianoche sólo algunas explosiones aisladas cortaron la espera hasta el amanecer. Los grupos comando esperaban las luces del día porque no contaban con miras infrarrojas.
Muchos de ellos, como Francisco “Pancho” Provenzano, pasaron buena parte de la dictadura en la cárcel. “Pancho” había caído preso en enero de 1976, y salió recién en 1982. Durante dos años y medio coincidió en la cárcel de La Plata con aquellos amigos que jugaban al rugby en Central Buenos Aires y que nutrieron al ERP: Oscar “Pato” Ciarlotti, cuñado por partida doble de Nosiglia, y Eduardo Anguita. Los mismos que a principios de los setenta veían jugar a las cartas al Coti con la abuela de Ciarlotti, peaje que debía pagar el muchacho que noviaba con la hermana del “Pato”.
¿Durante los años previos al ataque se siguieron viendo el Coti y “Pancho”?
Tenían una relación fluida. Dos militantes del MTP recuerdan que durante 1988 los llamados telefónicos de Nosiglia a Provenzano eran habituales. Ellos lo sabían porque atendían el teléfono 47-0528 de Tucumán 2250, donde funcionaba el movimiento. En algunas ocasiones -Nosiglia ya era ministro del Interior-, ni siquiera llamaba a través de una secretaria: “Soy Coti. ¿Está Pancho?”, preguntaba. Nosiglia y Provenzano también solían encontrarse en dos bares cercanos al Comité Capital de la UCR.
A partir de 1983, Provenzano cultivó una estrecha relación con Capitán Nosiglia. Sergio, el padre de “Pancho”, había sido compañero del padre del Coti mientras trabajaron juntos en Salud Pública durante la administración Illia. Al recuperar su libertad, en la agonía de la dictadura, “Pancho” retomó su práctica política en lo que luego sería el MTP y era una apasionado discutidor de temas políticos.
A Capitán esa rebeldía le devolvía la imagen de “Chuchi”, su hija desaparecida. Luego de vender libros o hacer tareas de plomería para ganarse unos pesos, “Pancho” pasaba por la casa de los Nosiglia, en Rodríguez Peña al 1400. Allí discutían hasta el anochecer, mientras el viejo médico de Misiones llenaba los vasos de whisky.
Las tenidas con “Pancho” venían a suplir también la falta de diálogo de Capitán con el Coti, quien estaba ocupado en la Subsecretaría de Acción Social primero, y en el ministerio luego. Aunque la relación de Capitán Nosiglia y “Pancho” Provenzano era el lazo más fuerte entre ambas familias en esa época, las ligazones excedían la amistad. Sergio Provenzano, el padre de “Pancho”, fue médico de la familia Nosiglia, y también su hijo homónimo, especializado en ginecología.
Varios descendientes de los Nosiglia legaron al mundo ayudados por los Provenzano. A nadie debía extrañar entonces que más de una vez el Coti se encontrara con “Pancho” para ver en “qué andaba”. Se conocían de chicos, y ahora uno de ellos manejaba información privilegiada de sectores oficiales y el otro sabía en “qué andaba” la oposición política.
Tras el ataque a La Tablada, Nosiglia y sus funcionarios trataron de minimizar esta relación: “Los Provenzano siempre fueron radicales y viejos conocidos de la familia, pero se veían poco con el Coti”, mentían
Esta relación entre Nosiglia y Provenzano fue muy publicitada en los meses previos al ataque por Guillermo Cherashny, ex rival del Coti en la Juventud Radical devenido en columnista del semanario El Informador Público. Diez días antes del ataque del 23 de enero, Cherashny escribió una columna con el título “El ERP y la Coordinadora” .
Allí decía que un sector del ERP liderado por Gorriarán Merlo y la Junta Coordinadora Nacional de la UCR Capital -que lideraba Nosiglia- habían alcanzado un “acuerdo táctico”. En el mismo artículo, señalaba que Gorriarán había invertido un millón de dólares en un diario de centroizquierda. No aclaraba que era Página/12, pero se intuía.
A la semana siguiente, el 20 de enero, Cherashny volvió a la carga con la presunta alianza entre el MTP y la Coordinadora. En su columna afirmaba que Nosiglia les había pedido a los dirigentes del MTP que denunciasen un pacto entre Menem y Seineldín. Cherashny también escribió sobre un encuentro entre Nosiglia y los dirigentes del MTP Felicetti y Provenzano a fines de diciembre, en la confitería Paladium.
Pero ¿qué relaciones tenía el MTP con Nosiglia, más allá de Provenzano y de Baños? Es probable que hubiese un “cambio de figuritas”, pases de información que le servía a cada uno. Gorriarán cuenta que a mediados de mayo de 1988, de paso por Panamá, se enteró de que el agregado militar en ese país, que no era otro que Seineldín, preparaba un golpe contra el presidente Alfonsín.
Los oficiales de la Guardia Nacional panameña también le informaron a Gorriarán que Seineldín se encontraba a menudo con dos emisarios de Menem: César Arias y Julio Mera Figueroa. En su autobiografía dice Gorriarán: “A mi regreso nos comunicamos con el gobierno y le informamos el plan que Seineldín preparaba desde Panamá. Además le entregamos aquella cinta donde el jefe carapintada justificaba las acciones de la última dictadura. El casete se lo dio, concretamente, Pancho Provenzano a Enrique Nosiglia en el local central de la UCR”.
Como el mismo Gorriarán reconoce cuando dice “a mi regreso”, el guerrillero prófugo estaba viviendo en Buenos Aires desde mediados de 1988. Con algunas personas más, el jefe del ERP vivía en un departamento de la calle Yerbal alquilado por Provenzano. ¿Será cierto, como decía Facundo Suárez, que Nosiglia le había pedido que vigilara a los del MTP e incluso a “Pancho”?
Sólo hay tres posibilidades: a) la SIDE era muy incapaz; b) Nosiglia en realidad quería tener “controlados” a los del MTP; c) Gorriarán vivía con el amigo del ministro del Interior con la seguridad de que no sería buscado en esa casa de Flores.
En su justificación del ataque a La Tablada, el mismo Gorriarán explica que desde mediados de enero conocían que “el plan se iniciaría con el levantamiento del Regimiento 3”. Y que trataban del hablar con todo el arco político sobre la situación militar: “Las conversaciones más importantes con el radicalismo las hicimos con Nosiglia, que en ese momento era ministro del Interior, y con Gil Lavedra que lo secundaba en el ministerio.
En esos encuentros pudimos advertir que el gobierno de Alfonsín estaba convencido de la inminencia de una nueva sublevación pero no tenía la decisión ni la voluntad de resistir, de recurrir al pueblo”.
Fuente: http://www.bolinfodecarlos.com.ar/030207_tablada.htm
Esta es la otra nota, del diario “Clarín”
INFORME ESPECIAL: EL COPAMIENTO AL REGIMIENTO DE LA TABLADA
Un ataque que sorprendió a toda la dirigencia política
Hace diez años el MTP copó el cuartel de La Tablada
El gobierno radical y la oposición no lo esperaban
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Por ERNESTO SEMAN De la Redacción de Clarín
En su despacho de la Casa Rosada, Raúl Alfonsín había recibido a principios de 1989 el último informe reservado de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) sobre la actividad del Movimiento Todos por la Patria. Para Alfonsín, pendiente por entonces de la supervivencia del plan económico y las elecciones presidenciales, fue una tranquilidad que el parte de la SIDE terminara igual que los de todo el año anterior: Sin capacidad operativa militar.El domingo 22 de enero, el horizonte parecía tan reposado que Carlos Becerra -secretario general de la Presidencia-, lo llamó a Alfonsín desde Punta del Este para suspender su encuentro de esa misma noche. No hay problema, nos vemos mañana, respondió Alfonsín. Más relajado aún, Enrique Nosiglia -ministro del Interior- declinó la invitación de Becerra para volver de Punta a las seis y media de la mañana del lunes en un avión privado. Es muy temprano, dijo.El lunes 23 de enero, cerca de las siete de la mañana, el piloto del pequeño avión interrumpió el sueño del secretario general de la Presidencia para avisarle que la Fuerza Aerea no autorizaba el aterrizaje en el aeropuerto de Don Torcuato, por lo que se dirigían hacia Martín García.Unos minutos después la secretaria privada de Becerra llamaba al avión. Ella y el chofer lo esperaban en tierra con un traje y un par de zapatos: el Presidente lo convocaba con urgencia a la Casa Rosada.Hasta las nueve de la mañana, el Estado Mayor del Ejército sólo le había informado a Alfonsín y a los funcionarios convocados en la Casa de Gobierno que alguien -esa fue la palabra utilizada- había copado el cuartel militar de La Tablada.-¿Son carapintadas?-, fue lo primero que preguntó el Gobierno, que apenas 40 días atrás había vivido la sublevación de Mohamed Alí Seineldín en Villa Martelli. Todavía no sabemos, fue la respuesta.Una hora después, el Ejército informó que, al entrar, los atacantes habían matado al guardia de turno lo que indicaba que se trataba de gente dispuesta a dar batalla.La convicción de que era otra acción carapintada se generalizó en el Gobierno.Recién a las once, los jefes militares se presentaron en la Casa Rosada con un nuevo parte. Los mismos grupos de inteligencia que no habían podido detectar ningún movimiento, ponían ahora su sagacidad en obtener datos categóricos para determinar la identidad de los atacantes: Puede que no sean carapintadas… Entre los atacantes vimos a una mujer -le dijeron a Alfonsín-. Y también detectamos a barbudos y melenudos.El ingreso al cuartel de La Tablada de unos 60 militantes del MTP parecía haber sorprendido a todos.Desde diciembre del 88, el MTP sostenía que los carapintadas preparaban un golpe de Estado con el guiño de gente del entorno del entonces candidato a Presidente por el PJ, Carlos Menem. Con la cara pública de Jorge Baños y la jefatura de Enrique Gorriarán Merlo, llamaban a los partidos a resistir.El MTP tenía una relación cotidiana con casi todos los partidos políticos. En aquel enero, Nosiglia y Becerra habían conversado informalmente con Baños y Francisco Provenzano. En la UCR, algunos miraban con simpatía la estrategia visible del MTP: suponían que, ciertas o no, las denuncias los menemistas y la idea de que la democracia estaba en peligro podían tener algún rédito electoral. Pero Nosiglia y Becerra les dijeron entonces que lo del golpe era una idea descabellada.El MTP también tanteó a los partidos Intransigente y Comunista. A fines de diciembre de 1988, Roberto Felicetti, hoy con perpetua , almorzó en un restaurante de Congreso con algunos altos dirigentes del PI. Y para la misma fecha, la conducción del PC, encabezada por Patricio Echegaray, recibió al MTP en una oficina de Corrientes y Callao. Por entonces, el encargado de las relaciones del PC con las Fuerzas Armadas era Jorge Pereyra quien, en aquella reunión, desacreditó por completo la hipótesis del golpe.Ni el Gobierno, ni la UCR, ni el PC ni el PI intuyeron que el MTP estuviera pensando en una acción militar.Hoy todavía resulta difícil saber por qué motivo los informes de inteligencia tampoco previeron el ataque. La ineficiencia, el ocultamiento, el impulso velado al MTP para tenderle una trampa, la necesidad de sectores militares de resucitar al terrorismo, o el simple hecho de que el ataque no tuvo, en efecto, ninguna preparación militar: La respuesta, quizás, combine todos estos elementos.En cualquier caso, la convivencia de un pequeño grupo con cierto entrenamiento militar encabezado por Gorriarán, junto a otro con más entusiasmo que experiencia en la materia, constituyó un grupo humano que se creyó en condiciones de hacer el ataque.Un buen ejemplo de este último grupo es el de Baños, hasta entonces la cara pública del MTP. El contacto con Nicaragua -alguna vez exhibido para realzar la supuesta preparación del MTP-, el entrenamiento militar que no se equiparaba siquiera al del servicio militar, no fue distinto al que en la década del 80 tuvieron centenares de jóvenes de todos los partidos, atraídos por una revolución que generaba, a la vez, nostalgia y novedad.A Alfonsín, la vida se le vino encima desde ese día. En un intento por retomar el control de la represión que el Ejército ejercía sobre los atacantes -y sobre la que pesan denuncias de fusilamientos y desapariciones-, el ex Presidente tuvo que ir en persona al cuartel, cuando todavía sonaban los tiros.Apenas 14 días después del ataque, empezaba la devaluación que daría origen a la primer hiperinflación. Un mes después, naufragaba del todo el Plan Primavera. Para mayo, tras la derrota del radicalismo frente a Menem, el Estado recaudaba por el Impuesto al Valor Agregado (IVA), un 6,3 por ciento de lo que había obtenido en el mismo mes de 1988.En aquel escenario de tierra arrasada -que el PJ miraba con más entusiasmo que alarma-, Menem asumió por primera vez la Presidencia de la Nación.
Fuente: http://www.clarin.com/diario/1999/01/23/t-02401d.htm
www.bolinfodecarlos.com.ar

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