25 de Junio de 2017

CARLOS PAZ: HISTORIAS DE ASESINATOS QUE NO SE RESOLVIERON

Mar 22nd, 2015 | By | Category: Provincial

Detrás de las violentas muertes de Andrea Castana y Hernán Sánchez, cuyos cadáveres fueron encontrados el viernes 13 de este mes en el Cerro de la Cruz, aparece un extenso historial de asesinatos con trasfondos que nunca fueron develados en la ciudad de Carlos Paz.

Ilustración de Gustavo Dagnino

 

En Carlos Paz, aumentó considerablemente el delito, pero la Policía y la Justicia nunca pudieron frenar la ola.

Desde los ’90, la villa ha sido epicentro de una serie de crímenes. “Pipo” se reía. Fumaba tranquilo, apoyado contra la rueda trasera derecha de su cupé Renault Fuego negra, de vidrios polarizados.

Los policías de la entonces Unidad Regional N º 3 de Villa Carlos Paz ( UR3, hoy llamada Departamental Punilla) se acababan de dar cuenta, aquella noche, que no iban a poder atrapar a su presa y debían regresar a la base de San Martín y Saavedra con las manos vacías.

Algún colega “infiel” se les había adelantado. “Pipo”, una vez más, continuaría hasta su casa sin problemas.

El dato no terminaba de corroborarse: estaba sindicado como un pionero en el ingreso de grandes cantidades de cocaína ya fraccionadas en “tizas” a la villa serrana, las que llevaba desde Santa Fe hasta la “perla” de Punilla.

Sin embargo, nunca los efectivos que intentaban atraparlo podían agarrarlo con la droga encima.

Promediaba la década de 1990 y ya comenzaba a vislumbrarse cómo la cocaína empezaba a ser una mercadería corriente en la plaza turística más importante de Córdoba.

Los policías se reunían con especialistas de otras provincias para un curso rápido. El narcotráfico no era, hasta aquel momento, un motivo de alarma para la fuerza.

“Mucho tiempo después, un antiguo compañero me confirmó que ‘Pipo’ llevaba la droga escondida en el guardabarros contra el que se paraba mientras nosotros le revisábamos todo el auto sin encontrar nada”, cuenta hoy, 20 años después, un avezado investigador que en aquella época comenzaba a desandar su carrera policial.

El tiempo le dio la certeza, también, de que “Pipo” ya tenía un vasto cordón de protección conformado por policías de la Unidad Regional Nº 3 y de otros uniformados más grandes que formaron parte de la temible D- 2 (el Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba fue una parte fundamental del aparato represivo durante la última dictadura militar).

“Pipo”, un hombre de cuerpo ancho y largos rulos que jamás pasaba inadvertido en la noche al comando de su llamativa cupé, sería asesinado tres años después.

Apareció tirado con un balazo en la cabeza en un descampado ubicado cerca de Cabalango. “Fue una cosa entre ellos”, se limitó a informarle un alto jefe policial a un novato cronista de la zona.

Se inauguraba una extensa saga de ajustes de cuentas fatales que hasta hoy sacuden de manera periódica a Villa Carlos Paz y alrededores.

Homicidios con el sello del trasfondo de la droga y de la noche, y cuyas verdaderas causas por lo general nunca han sido develada por una Justicia que desde hace tiempo viene cosechando críticas y descrédito por parte de una sociedad que, entre dientes, siempre cuenta más de lo que se lee en los expedientes judiciales.

Organizaciones criminales que jamás son desbaratadas, mientras de manera oficial se insiste, asesinato tras asesinato, en reducir casi todas estas muertes a simples disputas por polleras.

 

La raíz de la marcha

El domingo pasado, casi cuatro mil personas caminaron por la calle de la ciudad para exigir “verdad y justicia” por las muertes de Andrea Castana y Hernán Sánchez. Se trató de la marcha más multitudinaria que Villa Carlos Paz recuerde en años.

En los gritos y pancartas, aparecían el nombre de los dos casos que desde el viernes pasaron a ser tema obligado en la villa. Pero en el interior de la movilización exigía, además, un reclamo con raíces más profundas.

“Esto no es de ahora. Carlos Paz despertó cuando murió Andrea, pero lo que sucede lo venimos denunciando desde 2002, cuando mataron a mi hijo”, dice Alejandra Fernández.

La mujer se convirtió por la fuerza del dolor en una referente de esa ciudad al momento de debatir sobre el avance de la violencia en esta parte de la provincia.

Su hijo Ián Durán murió el 5 de junio de 2002, a los 15 años, tras recibir un balazo en la sien en Villa Carlos Paz y agonizar unas horas en el Hospital Municipal de Urgencias de la ciudad de Córdoba.

“Estas muertes no tienen nada que ver unas con otras. Pero el mal accionar de la Policía y las malas investigaciones judiciales de ahora se vienen repitiendo desde el caso de Ián”, subraya Alejandra.

Suspira y termina por describir: “La misma ciudadanía eligió mirar para otro lado. ‘ Por algo fue’, piensan siempre que hay un crimen. Yo misma tengo que reconocer que al principio no acompañé a la familia de Hernán Sánchez cuando comenzaron a movilizarse ( N. de R.: el fotógrafo estaba desaparecido desde el 19 de diciembre y su cadáver recién fue hallado, de casualidad, el viernes 13 de marzo en medio de la búsqueda de Andrea). Esta es una zona turística que tiene mucho movimiento de gente, rostros desconoci do s que pueden pasar desapercibidos, que no llaman la atención. Pero alguien les tiene que dar permiso…”.

La proliferación de locales en los que se explotaba sexualmente a las mujeres, discotecas de todo tipo abiertas de lunes a lunes durante el verano y un flujo enorme de personas ávidas de diversión nocturna fue el combo que durante años intensificó el interés de las bandas criminales para asentarse en Villa Carlos Paz.

Todo frente a las narices de autoridades judiciales y policiales que jamás se mostraron demasiado proactivas para contrarrestar el aumento del delito organizado.

La ciudad está asentada en un corredor clave: entre la ruta nacional 38, que conecta hacia el norte del país ( lugares a los que llegan las avionetas clandestinas con cocaína), y la ruta 20, que se transforma en el Camino de las Altas Cumbres hacia Traslasierra.

Y a media hora de la Capital provincial, lo que la transforma en un punto estratégico.

 

Demasiada muerte

El ritmo criminal fue acentuándose a partir de la década de 2000. En menos de 24 meses, cinco asesinatos con sello mafioso cambiaron la dinámica social para siempre.

El 21 de diciembre de 2000, en un predio ubicado entre una cancha de rugby y el camping del Automóvil Club Argentino, apareció el cadáver de una mujer violada, con un balazo en la cabeza. Hasta hoy, la víctima no fue identificada. Se cree que era una prostituta brasileña.

Entre marzo y junio de 2002, Pablo Jossen (26) y su amigo Ián Durán (15) fueron ejecutados de sendos balazos en la cabeza en dos episodios que, si bien aparecían con demasiados puntos en común, jamás fueron ligados por la Justicia.

En tanto, el 23 de junio de 2002, en la Cueva del Oso del Parque Sarmiento, en la ciudad de Córdoba, fue asesinado Francisco Pisoni (36), funcionario de Policía Judicial, apareció con otro tiro en la sien. En su auto había un expediente del caso Jossen. La investigación judicial concluyó que se trataba de asesinato por una disputa sentimental y jamás la unió a los otros dos crímenes con sello mafioso.

Por último, el sábado 16 de octubre de 2002, Sergio Ávalos (35) encontró la muerte en el baño del bar Alta Birra, en 9 de Julio y Sarmiento, de Villa Carlos Paz. ¿Cómo lo mataron? Un balazo en la cabeza.

Demasiadas coincidencias que no encontraron jamás un punto de contacto en las investigaciones policiales.

La familia de “Pipo”, aquel presunto traficante asesinado a fines de la década de 1990, terminó por convertirse en la cara más reconocida de esta escalada, aunque como es usual en el submundo del narcotráfico y el proxenetismo, aquellos que se quedaban con la tajada más grande hasta hoy no han sido descubiertos como tampoco se ha desmembrado toda la estructura de complicidad oficial que hizo y hace posible el auge de estos mercados ilegales en Villa Carlos Paz.

Uno de los hermanos de “Pipo” es Alejandro “Ale” García (45), condenado a 24 años de cárcel por el asesinato de Ián Durán. Se sospecha que él y un adolescente que en aquel momento era menor de edad lo asesinaron por circunstancias que la Justicia jamás pudo esclarecer.

La familia de la víctima siempre aseguró que Ián iba a declarar en torno al mafioso crimen de Pablo Jossen.

El joven había sido asesinado cinco meses antes, el 6 de marzo de 2002, de un balazo en la cabeza en la habitación del Hotel Enri- Mar, donde se alojaba.

Según la investigación, un grupo de delincuentes intentó asaltarlo para despojarlo de un dinero cuyo origen nunca se pudo especificar.

El caso que varias veces fue vinculado con u n ajuste de cuentas por drogas, de acuerdo con lo que se publicó en aquella oportunidad, dejó al desnudo la existencia de una compleja organización criminal con base en Villa Carlos Paz.

Por el crimen de Jossen, que terminó con cinco condenados, también fue enviado a juicio el exjefe de la UR3, el comisario Daniel Amaya, acusado de encubrimiento agravado. Quedó absuelto.

En contrapartida, otros dos ex jefes de esta controvertida comisaría se sentaron en el máximo sillón de la Jefatura provincial durante distintos gobiernos de José Manuel de la Sota: Jorge Rodríguez (2001-2005) y Ramón Ángel Frías (2013).

Otro ex número uno de la fuerza, Alejo Paredes, antes de asumir en ese puesto se negó de manera rotunda a ser trasladado a Villa Carlos Paz. Por lo bajo, aseguraba que allí iba a encontrar, más pronto que luego, el final de su carrera policial. El año pasado, “Ale” García fue condenado por dirigir desde un pabellón de la cárcel de Cruz del Eje una banda que vendía y distribuía cocaína en Villa Carlos Paz.

En la causa también recibieron sentencia sus padres, Tomás Eusebio “Anguila” García (77) y Lidia Rojas (66), su mujer Graciela Gómez (45) y su hermanastro Carlos Alberto “Kuki” Maldonado (51).

No fue la última noticia sobre este clan. En diciembre de 2013, la hija del “Ale”, Dahiana García (16), murió tras recibir un balazo en la cervical. Para la Policía y la Justicia, la adolescente fue herida cuando intentó intervenir en una pelea entre una amiga y su pareja.

Como en tantos otros crímenes ocurridos en esa ciudad, no se hurgó para intentar encontrar razones más contundentes.

Otro hermano de García, Sergio, más conocido como “Lagarto”, había sido condenado a principios de la década pasada por haber participado junto a otros tres cómplices en el crimen del policía Gustavo Pedro Flores.

El trágico asalto ocurrió alrededor de las 21 del 4 de marzo de 2000, los asaltantes llegaron hasta la sodería Pallotti, ubicada en Garibaldi 40, barrio Miguel Muñoz, e intentaron ingresar para robar.

Cuando el cabo, que cumplía servicios adicionales en el local, intentó resistirse, lo mataron de un balazo en el abdomen.

 

Pescadores en problemas

De manera insólita, tras el homicidio la Policía de esa ciudad realizó un operativo en el que confundió a dos pescadores con los sospechosos.

Los efectivos abrieron fuego contra el vehículo en el que estos viajaban y luego de que frenara el rodado, los sometieron a una dura golpiza que recién cesó cuando descubrieron que las dos personas no tenía n nada que ver con el asalto.

Fuente: www.lavoz.com.ar

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